miércoles, 9 de diciembre de 2015

'La crisis económica desplazó el interés en el cambio climático'

La escritora y activista Naomi Klein y el cineasta Avi Lewis, buscan generar conciencia ambiental.

 
Imagen de la película 'This Changes Everything' ('Esto lo cambia todo'), en la que unas personas protestan contra una central eléctrica en Sompeta (India).
Foto: Archivo particular
Imagen de la película 'This Changes Everything' ('Esto lo cambia todo'), en la que unas personas protestan contra una central eléctrica en Sompeta (India).
Seth MacFarlane y Pamela Anderson comparten una causa, pero no aquella de tipo judicial que surgió cuando la actriz demandó al creador de ‘Padre de familia’ por un chiste sobre ella. Ambos, junto al director Alfonso Cuarón, el director Danny Glover y el artista urbano Shepard Fairey ejercen de productores de la película ‘This Changes Everything’ (‘Esto lo cambia todo’), el documental que complementa el libro homónimo de la escritora y activista canadiense Naomi Klein.
Audiovisuales sobre los acuciantes problemas medioambientales que amenazan el mundo hay muchos, pero el dirigido por el esposo de Klein, el periodista y director Avi Lewis, resalta el valor de la comunidad en la lucha para frenar los desatinos del sistema social, económico y político en el que vivimos. (Lea también: Los más ricos del mundo emiten la mitad de los gases contaminantes)

¿En qué momento surgió la idea de rodar la película?
Naomi Klein: Muchos documentales realizados a partir de un ‘best seller’ de no ficción arrancan una vez publicado el libro, con lo que el proceso genuino de descubrimiento durante la investigación termina siendo recreado para la cámara. A mí me toma cinco años escribir un libro, así que, una vez finalizado, no quiero volver sobre lo mismo. De modo que desde el mismo momento en que surgió la idea de la escritura, Avi empezó a filmar.
Avi Lewis: A ambos nos despierta mucha pasión tanto la crisis medioambiental como los daños que las industrias extractivas infligen a las comunidades. Resulta muy emocionante que la gente se enrole para cambiar el mundo en contra de grandes compañías y gobiernos. Y los cineastas necesitamos ver este proceso y sacar un primer plano de cuando una persona decide luchar.
¿En qué difiere el acercamiento fílmico del literario?
NK: Cuando en el 2004 filmamos ‘The Take’, en Argentina, el documental sobre cómo los trabajadores habían ocupado las fábricas abandonadas, se habían convertido en copropietarios y las habían vuelto a poner en funcionamiento, me percaté de que lo que una película transmite es la idea de un colectivo que trabaja unido en pos de algo. Una de las cosas que más sensación de desesperanza provoca en las personas con respecto al cambio climático es que se sienten solas, así que con ‘The Take’ quisimos mostrar un ejemplo de personas que cambian sus circunstancias. Las películas retratan mejor los movimientos que los libros, cuyo fuerte son los argumentos.
El libro se subtitula ‘Capitalismo contra el clima’ y, sin embargo, la palabra capitalismo se dice casi al final del filme, ¿por qué?
AL: Quería que el vínculo entre los problemas ambientales y el modelo económico que conduce a la explotación de la tierra se revelara a lo largo del metraje. La primera vez que alguien emplea la palabra capitalismo es en el minuto 45, cuando una mujer griega afirma que tenemos que afrontar el meollo del problema. Cuando Naomi le pregunta cuál es, la señora afirma un tanto avergonzada: “El capitalismo”. Esa vacilación resulta muy significativa. El capitalismo es el sistema en el que vivimos, el aire que respiramos y nos conforma en nuestro yo más íntimo, como consumidores, y el no poder mantener una discusión seria al respecto es para reflexionar. (Vea: El Protocolo de Montreal, una decisión que salvó a la Tierra)
¿Es posible utilizar ciertos mecanismos de manera constructiva dentro del capitalismo?
NK: Sí. El mecanismo de autorregulación de los mercados ayuda a superar la dependencia de los combustibles fósiles, pero no podemos confiar en que los mercados hagan el trabajo por nosotros. El capitalismo es un sistema increíblemente resiliente; podemos contar con un floreciente mercado de energías renovables que implique disminución de los precios, sin que por ello se deje de cavar para encontrar combustibles fósiles. Las compañías petroleras son las más poderosas del mundo. Que exista una alternativa de energía verde no significa que el capitalismo va a cambiar las cosas.
¿Cuál es el papel del cine en ese reencauzamiento del camino?
NK: No ofrecemos respuestas, planteamos preguntas. Los documentales estimulan las conversaciones.
¿Y qué tan peligroso es ejercer de activista que señala verdades inconvenientes?
NK: Jeremy Corbyn acaba de ser elegido líder del partido laborista (en el Reino Unido) y Bernie Sanders se va a enfrentar a Hillary Clinton (en EE. UU.). Seguro no ganará, pero refleja que el deseo popular por el cambio va más allá de la versión extendida sobre el peligro de las verdades inconvenientes. (Además: Las diferencias que estancan el pacto por el clima en París)
¿Qué hay que decir sobre los movimientos cívicos que se están transformando en partidos?
AL: La clase política parece anclada en modelos antiguos, como los combustibles fósiles, tal vez porque, como sucede en EE. UU., el Gobierno es financiado por las empresas que los producen, o porque no pueden imaginar una solución que supere una visión de la política como el arte de lo posible. Mientras tanto, la gente muestra un apetito por un vuelco radical y se lanza a las calles para exigir un cambio de paradigma. Así lo demuestran movimientos como Occupy Wall Street, en EE. UU., Syriza en Grecia o Podemos, en España. Tienen opiniones que no siempre coinciden, pero también el deseo de obligar al sistema político a actuar.
¿Les preocupa ese salto a la acción política?
AL: Se corre el riesgo de que la política corrompa a la gente, pero los movimientos sociales se han mantenido al margen de la política durante mucho tiempo. Y la razón por la que han entrado en ese terreno es que se sentían frustrados porque no lograban avances desde afuera. (Lea: El permafrost: la bomba climática para el mundo)
NK: Nuestra mayor esperanza es que hay un gran movimiento de cambio en Europa que supone una importante alternativa a la oleada creciente de fascismo. París acoge la próxima cumbre del clima, y es un momento crítico para que los movimientos y el discurso antiausteridad se reúnan en torno al problema medioambiental, porque se encuentran muy divididos.
Pablo Iglesias (líder de Podemos) afirma que la gente no puede preocuparse por el cambio climático si lo que le urge es tener comida sobre la mesa, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, nunca habla sobre el tema. En el libro incluyo una cita suya: “Antes se solía comentar, pero desapareció de la conversación cuando la crisis económica golpeó”. Sin embargo, ambos frentes están ligados, porque en los países del sur de Europa que afrontan la austeridad (España, Italia y Grecia) se les está forzando a consumir más petróleo.
La gente está tan pendiente del aspecto social de la austeridad, que no presta atención a que este sistema que está atacando los estándares de vida también está agrediendo al planeta. Así que espero que esta película y esta cumbre hagan brotar las conversaciones, porque estamos viviendo un momento crítico.
BEGOÑA DONAT
Para EL TIEMPO

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